HERIDAS: CASO PRÁCTICO Y PROPIO


Atrás quedaron los tiempos en los que el agua oxigenada y el betadine eran los productos de elección para curar una herida. Desde hace unos años, y coincidiendo con la continua formación y la alta especialización de la enfermería, todo ha cambiado. Hidrocoloides, espumas e hidrogeles se postulan como los mejores productos para el cuidado y protección de casi cualquier herida. He aquí un caso práctico.

Hace cosa de dos meses, mientras descendía de Montaña Limón, un traspiés me privó de la verticalidad y llevó mis huesos al suelo casi sin tiempo de reaccionar. Tras comprobar que todo estaba en su sitio, y con el mareo y el susto correspondiente, observe que, si bien no tenia ningún hueso roto y podía correr, la malla se había agujereado y la piel de la rodilla se había desintegrado literalmente.


Tras una ducha y un buen lavado la sangre seca dejó a la vista lo que la caída había provocado. Una erosión de casi 5x5 cm, con cierta necrosis en algunas zona, con sangrado “en sabana” y exudado continuo. Casi podía decir que era una quemadura de 2º grado.
Consultado con mi mujer el asunto decidimos que lo mejor sería tratar la herida como tantas veces lo hemos hecho nosotros con nuestros pacientes y así experimentar en “carnes propias” los productos utilizados en “carnes ajenas”. Después de barajar las posibilidades de cuantos apósitos teníamos decidimos que lo mejor, y dado que la herida ya no sangraba pero si eliminaba continuo liquido seroso, sería aplicar un apósito hidrocelular con espuma de protección y destinado para heridas con moderado o alto grado de exudado. El elegido aquí.

La teorías que hoy en día se manejan para explicar el proceso de cicatrización de heridas irregulares que cicatrizan por segunda intención coinciden en que la humedad controlada en el lecho de la herida es en definitiva la encargada de iniciar, mantener y terminar el proceso de cicatrizado. Así, al principio, ese exceso de exudado intenta “echar afuera” todo lo que no sirve (piel y tejido necrótico, suciedad, tierra, etc). Posteriormente esa humedad controlada favorece procesos como granulación, formación de tejido nuevo y epitelización y ya por ultimo, cuando está casi curada, mantiene la piel hidratada y suave evitando que se vuelva a romper cuando todavía tiene cierta debilidad.

Despues de 1 semana

Despues de 2 semanas

Despues de 3 semanas

Despues de 4 semanas


La teoría en este caso de este tipo de apósitos dice también que mientras esté bien colocado, mientras sea capaz de absorber el exudado y a la vez mantener la humedad y mientras se mantenga impermeable hay que dejarlo colocado. Según el fabricante, la persona que lo usa y el tipo de herida, se recomienda retirarlo a los dos, a los tres o incluso a los cuatro o cinco días. Yo los cambié cada dos días al principio pues el hecho de estar justo en un sitio de flexión continua y el querer seguir corriendo algo provocaban que empezara a despegarse. Con el paso de los días, y tal vez coincidiendo con algunos días de descanso, los cambié cada 3 días. E incluso en la Media Maratón de La Matanza corrí con uno de ellos.

Tras casi tres semanas de curas y cambios de apósitos empecé a ver la rodilla tal como la recordaba antes de la caída y tal día como hoy, una leve coloración rojiza es lo único que queda de ese día.

Lástima que con todos los “recortes” que está habiendo en esta época, no solo de material y medicación, sino también de profesionales de la salud, este tipo de productos tal vez no lleguen a todo el mundo y el agua oxigenada, el betadine y la costra que sale una y otra vez sea el final de historias como esta.

4 comentarios:

  1. estrelladelasuerte24 de abril de 2012, 12:27

    Perdon.. las manitas que te curaron???jejejjej

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  2. Interesante y muy educativo. Me guardo la receta para cuando, por desgracia, la necesite. Gracias.

    PD: Espero que mis manos sirvan :-)

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    1. Gracias a ti por pasarte por aqui.

      PD. Seguramente si te sirvan.

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